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martes, 11 de julio de 2017

GANADORES DEL CONCURSO DE ILUSTRACIÓN CURSO 2016/17


Paulina Liwia Klimaszewska, 3º ESO, ilustradora del relato corto "No me dejes ir" 








Fernando Bandera Lobato, 1º ESO, ilustrador del relato corto "La librería del señor Ludovico"



lunes, 17 de abril de 2017

Relatos cortos ganadores 

curso 2016/17




LA LIBRERÍA DEL SEÑOR LUDOVICO






NO ME DEJES IR









lunes, 9 de mayo de 2016

IV CONCURSO DE ILUSTRACIÓN

curso 2015/16

Bases

Participantes: Todo el alumnado del IES El Chaparil.

Tema: Se ilustrará el relato ganador seleccionado en el IV Certamen de relatos cortos "Las flores de colores"

Técnica: Libre, acuarela, témpera, carboncillo, lápices de colores, rotuladores...

Formato: A4 (tamaño folio)

Premio: Material de dibujo. La ilustración ganadora será la portada de la agenda del curso 2016/17.

Fecha y lugar de entrega: Hasta el día 29 de mayo a la profesora Judith Sánchez.

La ilustración se entregará sin firmar y con los datos, nombre, apellido y curso en un papel aparte, todo dentro de un sobre.



Relato ganador "Las flores de colores"

Me desperté temprano para ir a trabajar,como todos los días. Fui a la cafetería de Luisa a por mi café matutino, como cada día.
" Desearía poder regalarle todas las flores del mundo, pero creo que son más hermosas si no las cortamos, ¿no te parece? Por eso hoy te he hecho esta flor del color de tus ojos pardos. Al contemplarla pienso en tu mirada, llena de una profunda belleza y una sutil fiereza. ¿Intuyes acaso lo que producen esos ojos en mi?"

Hacía ya varios meses que recibía estas flores de papel y estas notas tan preciosas. Siempre le preguntaba a Luisa de quién era la persona que me había robado parte del corazón a base de poemas, canciones y cartas preciosas, pero siempre se negaba a darme siquiera una simple pista. Según ella, se lo prometió y no iba a romper su promesa.

-Luisa, por favor, aunque sea solo una pista. Necesito saber quien es -estaba desesperada por saber quien era ese chico. Llevaba meses intentando averiguarlo. Lo único que conseguí fue saber que no lo conocía.
-Cariño, ya sabes que no abriré la boca. Le prometí a esa persona que no tediría nada -la miré mal-.
Clara, no me mires así, no puedo hacer nada. Esto es cosa vuestra. Además, me das envidia, nunca he tenido un admirador secreto.
No pude evitarlo y acabé riendo con ella de manera estruendosa. Cuando me quise dar cuenta, casi llegaba tarde al trabajo y salí precipitadamente del establecimiento, no sin antes haberme despedido de ella.
El día transcurrió sin muchas complicaciones y, una vez hube terminado de trabajar, fui al supermercado a por comida. Cuando estaba en el portal me choqué con un chico que venía corriendo y me desparramó todas mis cosas en el suelo.
-¡Eh! ¿Podrías al menos disculparte? -Estaba muy indignada, ni siquiera se había molestado en girarse. Menudo cretino. Recogí la compra y me fui a casa, soltando una maldición por lo bajo al ver que se había roto la caja de huevos.



Al día siguiente no fui a trabajar porque tenía el día libre, pero sí que me pasé por la cafetería a por mi café, pero esta vez me senté en una de las mesas y pedí unas galletas de chocolate para acompañarlo.

-¿Hoy no trabajas, Clara?
-No, me han dado el día libre.
-Eso es genial, ¿te apetece más café? -asentí, y le tendí la taza vacía con una sonrisa.
Mientras me traía el café, me dediqué a observar el local. Casi nunca tenía oportunidad de sentarme y disfrutar de un buen desayuno a causa de mi trabajo. Estaba lleno, había parejas, personas leyendo el periódico o simplemente personas solas desayunando. Me fijé en una chica que había entrado en el local y buscaba una mesa libre, pero no quedaban. Como yo estaba sola, le enseñé con la mano el sitio que tenía libre. La chica se sonrojó y con la cabeza gacha se acercó al sitio de mi derecha.
-Gracias -lo dijo tan bajito que apenas pude escucharlo, pero le di una sonrisa de oreja a oreja. Tenía el pelo negro muy corto, con un aire de femme fatale. Era una chica muy bonita, tendría mi edad más o menos.
-Soy Clara, un placer, y no es nada, así estoy menos sola.
-Yo me llamo Julia, igualmente. -Su sonrojo cada vez se hacía más notable y a mí me parecía adorable.
-¿Vienes mucho por aquí? Quiero decir, nunca te había visto.
-En realidad vengo todos los días, solo que vengo mucho más temprano, cuando el sitio está más vacío, pero hoy me he quedado dormida y no he podido llegar antes.
-Entonces creo que me puedes ayudar en una cosa. Verás, hace unos meses que hay un chico que me envía flores en papel y unas notas preciosas, y creo que me gusta mucho -dije notablemente sonrojada-. El caso es que llevo mucho mucho intentando averiguar quién es, pero nunca consigo ni una sola pista, y como decías que tú sueles venir temprano, he pensado que podrías saber de quién se trata.
-Yo... No, no sé quien es. Pero si no ha querido decírtelo será por una buena razón, ¿no crees?
-Puede ser, pero no quiero seguir así. Necesito saberlo. No sé por qué, pero tengo que hacerlo.
-Lo siento, pero no puedo ayudarte, nunca me he fijado.
El resto de la mañana Julia parecía incómoda, así que se fue en cuanto terminó su café.



"He visto que intentas averiguar quién soy, y no es de extrañar. Pero te agradecería que no lo intentaras más. Desearía mantener mi identidad en secreto. Quiero seguir viendo esa sonrisa tuya cada vez que lees mis cartas, y si averiguaras quién soy, dejaría de verlas porque seguramente te repugnaría. Con cariño, alguien que prefiere mantenerse en el anonimato".



Con esta última carta que me llegó ayer por la mañana mi curiosidad fue en aumento, y se me ocurrió dejarle yo una nota al chico misterioso. Por eso me levanté más temprano de lo normal y, haciendo acopio del poco valor que tenía en esos momentos, bajé a la cafetería para dejarle mi nota a ese misterioso chico. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí a Julia entregándole una flor de papel rosa a Luisa. Creo que hasta me quedé con la boca abierta. Cuando se percataron de mi presencia, yo ya había salido corriendo. No lo podía creer. El chico del que había estado enamorada todos estos meses resultaba ser una chica. ¡Una chica! Pero, ¿eso realmente me importaba? Decidí averiguarlo y corrí con todas mis fuerzas hasta llegar a la cafetería, donde me encontré a Julia llorando en una silla con Luisa abrazándola por la espalda. Cuando me vieron entrar, las dos se levantaron de golpe. Vi cómo intentaba limpiarse las lágrimas y se tapaba con el pelo. Pero corrí hacia ellas y, sorprendiéndome a mí misma casi tanto como a ella, la besé. ¿Lo mejor de todo? Fue el mejor beso de mi vida. Y quizás por eso estamos ahora aquí, contigo, contándote cómo nos conocimos tu madre y yo.




lunes, 4 de mayo de 2015

Concurso de Ilustración


Los alumnos participantes en el "Concurso de Ilustración" han tenido que ilustrar el relato ganador del "Concurso de Relatos cortos"



Ganador: Aitor Cid Arias

Finalista: Paulina Liwia Klimaszewska

Alberto Ripoll Ramos

Rafael Estévez Moreno

Ariadna Álvarez Rodríguez



¿Mamá?

Era un día normal, Juan llegó de clase a casa:
- Hola, hijo, ¿qué tal el día?, ¿cómo te ha ido todo?

- Puff, mamá, he vuelto a suspender, y encima me han puesto un parte por una tontería que le he dicho a una chica con problemas...

- Es que no te esfuerzas hijo, te tengo dicho que tienes que estudiar más, por lo menos hasta la ESO. Y encima, te ponen un parte por mal comportamiento.

- Ojalá me hubieran expulsado.

- Bueno, ponte a hacer los deberes, anda. Yo me voy a hablar con el psicólogo, después nos vemos.

- Que sí, pesada. Adiós.

María, la madre de Juan, llegó a la consulta del psicólogo:

- Hola, María, ¿qué tal con el chico?

- Bueno, doctor, Juan no para de suspender las asignaturas, no quiere estudiar y no quiere hacer nada, de pequeño era un chico adorable, era súper bueno, tenía un corazón que no le cabía en el pecho. Y, ahora, no sé lo que le ha pasado, se ha vuelto muy rebelde, se porta mal, me trata mal... Desde que lo dejamos su padre y yo está así.

- No te preocupes, mujer, solo tiene catorce años, la adolescencia es la etapa más dura en la educación de un hijo.

     Estuvieron hablando bastante. Al final, María salió de la consulta llorando, ya que lo estaba pasando muy mal y se tenía que desahogar. El psicólogo la ayudó bastante y le dio muchos ánimos para seguir adelante.

     La madre de Juan llegó a casa, abrió la puerta de la habitación de su hijo y se lo encontró jugando a la consola:

- Juan, ¿qué haces jugando a la consola? ¿no ibas a hacer los deberes?

- Déjame ya, mamá, eres más pesada...

- Hijo, solo me preocupo por tu educación...

- Que sí, venga, cierra la puerta y vete.

     Al siguiente día, por la mañana, mientras María descansaba, sonó el móvil, llamaban desde el colegio, era la tutora, Juan se había desplomado en mitad de clase, todos los alumnos se habían quedado paralizados y la maestra rápidamente llamó a la ambulancia. Inmediatamente, María se levantó, se vistió lo más rápido posible y se puso de camino al hospital. A María, al llegar, le comunicaron que Juan había sufrido un infarto repentino, nadie sabía por qué le había ocurrido.

     En unas horas, Juan había despertado, gracias a la rapidez de los médicos y de la ambulancia consiguieron salvar su vida. Juan reposó allí toda la noche, los médicos no pararon de hacerle pruebas para ver lo que le ocurría. Encontraron que el chico tenía un gran problema de corazón. El problema lo tenía de nacimiento, pero se empezaría a desarrollar en la adolescencia. Juan, a partir del primer ataque al corazón, tendría como mínimo un ataque cada seis meses, es como si su corazón en un período de tiempo se sobrecargase y dejara de funcionar. En cualquiera de estos ataques, Juan podría morir repentinamente, la única solución era hacerle un trasplante de corazón.

     Juan, desde ese día, estuvo totalmente controlado por los médicos, diariamente. Podía ir al colegio y hacer sus cosas, pero siempre tenía que estar controlado para prevenir los ataques.

     Pasó el tiempo, y los médicos no encontraban un corazón para el chico. Juan tenía el grupo sanguíneo cero negativo, el menos común. Este grupo solo podía recibir sangre de su mismo grupo sanguíneo. A punto de pasar los primeros seis meses, encontraron un corazón para el chico. Juan iba a ser operado en un par de semanas.

     Llegó el día de la operación, estaba todo listo, pero la madre de Juan no se encontraba en la sala de espera, era todo muy raro, así que Juan preguntó a los médicos. Ellos le respondieron que la dejaron descansar ya que había dormido mal y no querían ponerla nerviosa durante la operación.

     Juan entró en quirófano... Al despertar, estaba dolorido por la operación pero lo primero que dijo fue:

- ¿Mamá?

     Llegó un médico con una cara muy decaída y le dijo al chico:

- Juan... Esto es para ti.

     El médico se retiró sin decir nada, solo le dio una carta a Juan. Él, asombrado, abre la carta, que decía así:

     Hola, hijo,
     Te resultará raro leer esta carta y no verme al lado tuyo viendo cómo has sido capaz de superar tu gran problema. No fuimos capaces de encontrar una solución a este, ya sabes que tu grupo sanguíneo es el más delicado y era muy difícil encontrar un corazón que te correspondiera. Aunque no nos llevemos lo bien que me gustaría, aunque pienses que soy una pesada cuando te digo que estudies..., eres mi hijo y te quiero con locura, no soportaría verte morir en mis brazos. Espero que repongas tu vida, y salgas adelante como un campeón que eres. Te entrego mi corazón, y recuerda que siempre estaré ahí dentro para ayudarte. Adiós, hijo.

Juan Sánchez Rico




Alumnos participantes en el 2º "Concurso de Ilustración y Relatos cortos"